jueves, 7 de agosto de 2025

Niebla, Miguel de Unamuno

 Y te miró, ¿no es eso?, ¿y creíste en Dios?

–No, no es que me miró, es que me envolvió en su mirada; y no es que creí en Dios, sino que me creí un dios.

miércoles, 9 de julio de 2025

Intermezzo, Sally Ronney

  El episodio está cerrado, el episodio está superado, y la pérdida solo acaba de empezar. Cada día se hace más honda, cada día caen más cosas en el olvido, cada día quedan menos certezas. Y nunca nada devolverá a su padre del ámbito de la memoria al mundo reconfortantemente concreto del hecho material, del hecho tangible y específico: ¿y cómo, cómo es posible aceptar eso, comprender siquiera lo que significa?

lunes, 7 de julio de 2025

Mi año de descanso y relajación, Ottessa Moshfegh

 No era verdad. Y tampoco me importaba el mercado inmobiliario ni cuánto dinero pudiera sacar. Quería aferrarme a la casa igual que te aferras a una carta de amor. Era la prueba de que no siempre había estado sola en el mundo, pero creo que también me aferraba a la pérdida, al vacío de la casa, como para confirmar que era mejor estar sola que quedarse con gente que se suponía que te tenía que querer pero que no era capaz de quererte.

Los Kodokusha, Milena Michiko Flašar

 ¿Cómo me iba a despedir del señor Sakai? Tenia la sensación de haberme despedido ya de él decenas de veces sin haberlo llegado a hacer nunca de verdad. Siempre me quedé en la idea de la despedida, que solo me brindó una paz teórica. Como mi propia muerte, tampoco se podia concebir la muerte de otro.¿Adónde se iba?¿Dónde estaba ahora? ¿Estaba en el aire que respiraba yo? El señor Sakai y su sakaismo no se podían haber disuelto sin más. En la atmósfera debían de quedar partículas suyas y de lo que lo constituyó, y quién sabía, pensé, si no seguirían viviendo en mi por respirarlas. Algo ya no estaba. Y aun así seguía actuando sobre el espacio. Maravilloso. Oí los pasos del señor Sakai recorriendo el despacho y midiéndolo lenta y meticulosamente. Pero...¡Un momento!¿Era posible? 

Los pasos venían de la escalera. Miré desconcertada hacia la trampilla, que estaba abierta. ¿Y si el señor Sakai queria despedirse de mí?¡Sintiéndolo mucho, preferiría no vérmelas con su fantasma! Se me iba a salir el corazón del pecho. Los pasos se detuvieron un momento. Luego subieron por la escalerilla de incendios.¿Los Fuji? No, habían armado más jaleo. Asomó una cabeza. Dos manos. Dos brazos. El resto de un cuerpo que se coló por el hueco con un solo impulso.

sábado, 10 de octubre de 2020

Algo en lo que creer, Nikolas Butler

 -Nunca he entendido las religiones organizadas- dijo Otis desde donde estaba- Ser buena persona. no hacer daño los demás. No engañar.  No ser varicioso. Con eso me parece suficiente. No necesito un maldito guía para no salirme del camino correcto. Ni una tabla de piedra grabada por un rayo. Ni una recompensa celestial.  Ni necesito guardar un día de la semana. Todos los días de nuestra vida son importantes, del primero al último. A medida que te haces viejo, cada vez te das más cuenta de ello.

domingo, 22 de marzo de 2020

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, Cesare Pavese

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, amada esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.

viernes, 13 de abril de 2018

Los Hermanos Karamazov, Fiodor Dostoievski

¿Sabes lo que me estaba diciendo hace un instante? Que si hubiera perdido la fe en la vida, si dudara de la mujer amada y del orden universal y estuviera convencido de que este mundo no es sino un caos infernal y maldito, por muy horrible que fuera mi desilusión, desearía seguir viviendo. Después de haber gustado el elixir de la vida, no dejaría la copa hasta haberla apurado. A los treinta años, es posible que me hubiera arrepentido, aunque no la hubiera apurado del todo, y entonces no sabría qué hacer. Pero estoy seguro de que hasta ese momento triunfaría de todos los obstáculos: desencanto, desamor a la vida y otros motivos de desaliento. Me he preguntado más de una vez si existe un sentimiento de desesperación lo bastante fuerte para vencer en mí este insaciable deseo de vivir, tal vez deleznable, y mi opinión es que no lo hay, ni lo habrá, por lo menos hasta que tenga treinta años. Ciertos moralistas desharrapados y tuberculosos, sobre todo los poetas, califican de vil esta sed de vida. Este afán de vivir a toda costa es un rasgo característico de los Karamazov, y tú también lo sientes; ¿pero por qué ha de ser vil? Todavía hay mucha fuerza centrípeta en el planeta, Aliosha. Uno quiere vivir y yo vivo incluso a despecho de la lógica. No creo en el orden universal, pero adoro los tiernos brotes primaverales y el cielo azul, y quiero a ciertas personas no sé por qué. Admiro el heroísmo; ya hace tiempo que no creo en él, pero lo sigo admirando por costumbre…