¿Cómo me iba a despedir del señor Sakai? Tenia la sensación de haberme despedido ya de él decenas de veces sin haberlo llegado a hacer nunca de verdad. Siempre me quedé en la idea de la despedida, que solo me brindó una paz teórica. Como mi propia muerte, tampoco se podia concebir la muerte de otro.¿Adónde se iba?¿Dónde estaba ahora? ¿Estaba en el aire que respiraba yo? El señor Sakai y su sakaismo no se podían haber disuelto sin más. En la atmósfera debían de quedar partículas suyas y de lo que lo constituyó, y quién sabía, pensé, si no seguirían viviendo en mi por respirarlas. Algo ya no estaba. Y aun así seguía actuando sobre el espacio. Maravilloso. Oí los pasos del señor Sakai recorriendo el despacho y midiéndolo lenta y meticulosamente. Pero...¡Un momento!¿Era posible?
Los pasos venían de la escalera. Miré desconcertada hacia la trampilla, que estaba abierta. ¿Y si el señor Sakai queria despedirse de mí?¡Sintiéndolo mucho, preferiría no vérmelas con su fantasma! Se me iba a salir el corazón del pecho. Los pasos se detuvieron un momento. Luego subieron por la escalerilla de incendios.¿Los Fuji? No, habían armado más jaleo. Asomó una cabeza. Dos manos. Dos brazos. El resto de un cuerpo que se coló por el hueco con un solo impulso.
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