miércoles, 9 de julio de 2025

Intermezzo, Sally Ronney

  El episodio está cerrado, el episodio está superado, y la pérdida solo acaba de empezar. Cada día se hace más honda, cada día caen más cosas en el olvido, cada día quedan menos certezas. Y nunca nada devolverá a su padre del ámbito de la memoria al mundo reconfortantemente concreto del hecho material, del hecho tangible y específico: ¿y cómo, cómo es posible aceptar eso, comprender siquiera lo que significa?

lunes, 7 de julio de 2025

Mi año de descanso y relajación, Ottessa Moshfegh

 No era verdad. Y tampoco me importaba el mercado inmobiliario ni cuánto dinero pudiera sacar. Quería aferrarme a la casa igual que te aferras a una carta de amor. Era la prueba de que no siempre había estado sola en el mundo, pero creo que también me aferraba a la pérdida, al vacío de la casa, como para confirmar que era mejor estar sola que quedarse con gente que se suponía que te tenía que querer pero que no era capaz de quererte.

Los Kodokusha, Milena Michiko Flašar

 ¿Cómo me iba a despedir del señor Sakai? Tenia la sensación de haberme despedido ya de él decenas de veces sin haberlo llegado a hacer nunca de verdad. Siempre me quedé en la idea de la despedida, que solo me brindó una paz teórica. Como mi propia muerte, tampoco se podia concebir la muerte de otro.¿Adónde se iba?¿Dónde estaba ahora? ¿Estaba en el aire que respiraba yo? El señor Sakai y su sakaismo no se podían haber disuelto sin más. En la atmósfera debían de quedar partículas suyas y de lo que lo constituyó, y quién sabía, pensé, si no seguirían viviendo en mi por respirarlas. Algo ya no estaba. Y aun así seguía actuando sobre el espacio. Maravilloso. Oí los pasos del señor Sakai recorriendo el despacho y midiéndolo lenta y meticulosamente. Pero...¡Un momento!¿Era posible? 

Los pasos venían de la escalera. Miré desconcertada hacia la trampilla, que estaba abierta. ¿Y si el señor Sakai queria despedirse de mí?¡Sintiéndolo mucho, preferiría no vérmelas con su fantasma! Se me iba a salir el corazón del pecho. Los pasos se detuvieron un momento. Luego subieron por la escalerilla de incendios.¿Los Fuji? No, habían armado más jaleo. Asomó una cabeza. Dos manos. Dos brazos. El resto de un cuerpo que se coló por el hueco con un solo impulso.